Siempre he tenido muy claro porque decidí ser profesor.
Desde el primer momento que entré en una clase, supe que aquellas 17 criaturillas que tenía delante mía, iban a ser el verdadero impulso que me haría levantarme todas las mañanas. Un centro de energía lleno de ganas de saber, de vivir, de darlo todo, sin pedir nada a cambio.
Creo firmemente que son el futuro, que si se les enseña con buenos valores , pueden hacer realidad ese cambio que esta sociedad tan putrefacta necesita. Son un disparo de ilusiones, pero hay que enseñarlos donde apuntar.
Cuando estas razones se enturbian con méritos, interesés, e insatisfacciones personales, se pierde todo. Yo no acepté dirigir un proyecto muy importante por unos puntos o un ingreso de más.
Creo que reciclándonos de los errores y abriéndonos al futuro , es la única forma de progresar, movernos, no quedarnos quietos.
Ahora me he quedado solo; todos aquellos que me animaron, una vez lograron su medallita me han abandonado. Ya tienen su recompensa, fui su papelito de usar y tirar.
No me hacen falta tampoco, si he llegado hasta aquí, puedo comerme el mundo.
lunes, 19 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)